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La Política de Subsidios Pesqueros de la Unión Europea, el Acuerdo en Materia de Pesca Marítima Entre la UE y la República Argentina, y sus Consecuencias en la Sustentabilidad de las Pesquerías del Atlántico Sudoeste, Particularmente en la de Merluza Argentina (Merluccius hubbsi) Autores: Ernesto Godelman, Claudia Bruno, Eduardo Tamargo, Gonzalo Pidal, Fabián González (Equipo de Investigación de CeDePesca) - 14 de Setiembre de 1999.
Introducción El 6 de mayo de 1994, luego de dos años de negociaciones, entró en vigor el ACUERDO SOBRE LAS RELACIONES EN MATERIA DE PESCA ENTRE LA UNIÓN EUROPEA (en ese momento todavía Comunidad Económica Europea) Y LA REPÚBLICA ARGENTINA. El Parlamento argentino lo aprobó bajo el número de Ley 24.315. Este Acuerdo tenía una vigencia por cinco años, renovables por dos años automáticamente salvo denuncia de alguna de las partes. Argentina denunció oportunamente el Acuerdo y éste dejó de regir a partir del 28 de mayo de 1999. En el presente trabajo efectuamos una exposición acerca de cuáles fueron los objetivos declarados expresamente en el texto del Acuerdo y de cómo éste funcionó realmente. Para posibilitar la comprensión de lo que exponemos, se hace necesario realizar previamente una descripción del contexto histórico e institucional de las pesquerías argentinas dentro del cuál el Acuerdo se firmó y se ejecutó. Al final del trabajo, y a modo de resumen, se ofrecen algunas conclusiones posibles a extraer de la experiencia que dejó el funcionamiento del Acuerdo de Pesca entre la UE y Argentina en particular, y la política europea de ayudas financieras en general, para el caso argentino.
El sector pesquero argentino La Argentina es uno de los dos países más australes del mundo. País
ribereño del Atlántico Sudoeste, su Zona Económica Exclusiva coincide casi
por entero con una de las plataformas continentales más extensas del mundo.
Aunque, por su ubicación al este del continente carece de upwellings, una serie
de procesos
Por pertenecer a la zona de climas templados y subantárticos, la biodiversidad marina tampoco es tan elevada como en las zonas tropicales. Pero como contrapartida, hay especies más estables y de grandes biomasas. Entre estas se ha destacado históricamente la merluza argentina (Merluccius hubbsi), una especie cuya abundancia y características especialmente aptas para la conservación con hielo, así como sus cualidades organolépticas y su demanda y precio en el mercado mundial, la han hecho el motor de crecimiento de la industria pesquera argentina de los últimos 30 años. En la plataforma continental argentina pueden distinguirse tres zonas de pesca: Zona común de pesca Argentina-Uruguay: Establecida a partir del Tratado del Río de la Plata en 1973, comprende áreas costeras y áreas de altura, con la captura de especies de importancia como la merluza y otras acompañantes de valor comercial (lenguados, castañeta, abadejo y tiburones). La pesca de merluza está vedada entre el 1 de enero y el 31 de marzo del lado argentino y entre el 1 de abril y el 30 de junio, y el 1 de octubre y el 31 de diciembre del lado uruguayo. Zona de pesca costera de la Región Bonaerense: La pesquería de peces demersales costeros en esta región comprende una variedad de aproximadamente. 16 especies, entre las que se destacan besugo, corvina rubia, gatuzo, lenguado, mero, pescadilla, pez ángel y pez palo. Zona de pesca Austral: Es la que abarca la mayor extensión sobre la plataforma argentina, cubriendo especies muy variadas como polaca, merluza austral y de cola, bacalao austral y abadejo, entre las de mayor consumo y valor comercial. Dentro de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) se encuentran otras localizaciones de especies con importante valor económico presente y otras con perspectivas de desarrollo comercial, como la anchoíta (litoral patagónico), la sardina fueguina (litoral Santacruceño y Fueguino), la caballa (litoral bonaerense), el calamar illex, el mejillón (Zona Atlántica de Necochea y Bahía Blanca) y el langostino (principalmente en Bahía Blanca y en el Golfo San Jorge). La flota pesquera de bandera argentina se caracteriza, en general, por ser una flota poco numerosa (709 buques) y compuesta por un importante porcentaje de buques de porte mediano y grande. La clasificación oficial de los buques de pesca los distingue en: Barcos de Rada o Ría: son los buques más pequeños, de hasta 18 metros de eslora. Su eslora promedio es de 13,3 metros. Tienen una autonomía de 15 millas, y zarpan y retornan en el día. La mayoría son de madera. Su antigüedad promedio es de 45 años. Suman 201 unidades (28,3 %). Barcos costeros: también llamados costeros lejanos o barcos de media altura. Son buques de hasta 27 metros de eslora. Su eslora promedio es de 21,7 metros. Legalmente pueden navegar hasta 100 millas de la costa aunque de hecho efectúan viajes más lejanos. Estos barcos y los anteriores se caracterizan por estar pintados de color amarillo. Por ello muchas veces se los menciona como "la flota amarilla". Su antigüedad promedio es de 28 años. Suman 127 unidades (18 %). Barcos fresqueros de altura: Esta es la flota nacional típicamente merlucera. Pueden alcanzar esloras de hasta 65 metros. Su eslora promedio es de 35 metros. Trabajan con el pescado fresco, es decir, conservado por hielo. Lo desembarcan entero en puerto para ser procesado en las plantas en tierra. Por su color reglamentario, también es referida como "flota colorada". Su antigüedad promedio es de 23 años. Suman 133 unidades (18,7 %). Barcos congeladores-factoría: Son barcos que capturan, procesan y congelan el pescado a bordo. Son en total 248 unidades (35 %). Los hay de diversos tipos, diferenciados en general por su especie objetivo y sus artes de pesca. Entre ellos se distinguen los poteros (calamar, poteras, 49 buques), palangreros (merluza negra, palangres automáticos, 19 buques), poteros multipropósito, o poteros palangreros (23 buques), tangoneros (langostino, redes de arrastre de fondo para langostino o "tangones", 24 buques, estos buques pescan también merluza), surimeros (polaca y merluza de cola para producción de surimi a bordo, redes de arrastre, 5 buques), centolleros (2 buques), vieyreros (3 buques), de pelágicos (3 buques), de demersales australes (7 buques), y los merluceros. Estos últimos son 113 buques que capturan merluza con red de arrastre de fondo, al igual que la flota fresquera y costera. Alcanzan esloras de 86 metros. Su eslora promedio es de 51 metros. Su antigüedad promedio es de 21 años. Los buques ingresados por el Acuerdo de Pesca con la UE pertenecen a esta categoría. Las licencias de pesca se diferencian en: Irrestrictas: Son las más antiguas y todavía las más numerosas. El buque que posee una licencia irrestricta puede capturar todas las especies que desee y en la cantidad que puede. Restringidas: Limitan las especies objetivo y las cantidades (cupos) que cada buque está autorizado a capturar anualmente. La provincia de Buenos Aires tiene un rol hegemónico en la distribución geográfica de las capturas, pues participó con el 43,6 por ciento de los desembarques del sector para 1996. Por puertos, Mar del Plata representó aproximadamente el 39 por ciento de las capturas, y Quequén y Bahía Blanca alrededor del 2 por ciento cada uno. Más allá de ser la principal provincia pesquera, la importancia relativa de Buenos Aires presenta una tendencia decreciente en los últimos años, ya que en 1991 participaba con un 60,14 por ciento de las capturas totales y en la década del 80 llegó a concentrar el 90 por ciento del total. Entre 1991 y 1996, la participación de las provincias patagónicas en el total de capturas pasó de 38,65 por ciento a 56,33 por ciento. El puerto de Mar del Plata concentra la operatoria de los buques fresqueros (en 1996 desembarcaron el 48.95 por ciento de las capturas locales) seguidos por los costeros (con el 26.3 por ciento del volumen pescado) y los congeladores (con 24 por ciento). Puerto Madryn, por su parte, concentra esencialmente la actividad de los buques congeladores (el 72.86 por ciento de las capturas correspondió a este tipo de barcos), aunque también trabajan allí los fresqueros.
En Puerto Deseado tienen predominio los buques congeladores-factoría (con el 91 por ciento de las capturas). En Punta Quilla el 100 por ciento de las capturas (calamar) procede de buques congeladores, en tanto que Ushuaia es el único puerto con predominio de buques surimeros, que realizan el 70 por ciento de las capturas, quedando un 29 por ciento para los restantes congeladores. Como se ve, en los puertos patagónicos la actividad costera o de rada es de muy escasa magnitud. Puerto Madryn, segundo puerto pesquero argentino, cuya actividad presente está definida por los buques congeladores, experimentó cambios de composición operativa muy profundos respecto de 1991, cuando la participación de la flota procesadora representaba el 43 por ciento de las capturas, la flota fresquera lideraba con el 35 por ciento de las capturas, y los costeros el 22,3 por ciento. La flota fresquera continua dedicándose casi exclusivamente a la captura de la merluza hubbsi. En 1996, esta especie representó el 81 por ciento de sus capturas, y en el volumen restante no predominó ninguna especie en particular. La flota congeladora efectúa el 40 por ciento de las capturas de merluza hubbsi, en tanto que la captura del calamar significa algo más del 47 por ciento. También la merluza hubbsi ocupa un lugar preponderante en las capturas de las embarcaciones de rada y costeras, especialmente de la Patagonia (36,75 por ciento), existiendo algunas especies que son capturadas en mayor proporción por esta flota, como (en la provincia de Buenos Aires) anchoíta, besugo, brótola, corvina, lenguado, gatuzo, pescadilla, salmón, camarón, mejillón, calamarete, y en la Patagonia, centolla, centollón y pulpo, entre otras. Las capturas pesqueras en 1996 totalizaron un volumen de 1.225.958 toneladas. Las capturas de la especie de mayor relevancia, la merluza hubbsi, llegaron en 1996 a 589.766 toneladas, representando el 47,5 por ciento de la captura total y superando levemente el nivel de 1995. No obstante, a lo largo de la década se registró una pérdida de participación de esta especie en el volumen de capturas totales, ya que en 1991 la merluza hubbsi representaba el 65 por ciento del total. La segunda especie en importancia, el calamar, registró en 1996 un volumen de capturas de casi 291.564 toneladas, es decir que más del 90 por ciento de las capturas totales de mariscos correspondió a esta especie. Respecto del año precedente, el crecimiento de las capturas fue de aproximadamente un 45 por ciento, mientras que en relación a 1991 la pesca del calamar aumentó más de 6 veces. Se produjo así un incremento muy significativo de su participación en el total de capturas, de un 7,35 por ciento en 1991 a un 24 por ciento en 1996. En 1996, las exportaciones pesqueras alcanzaron los 1.013 millones de dólares, cifra que implicó un crecimiento en valor del 11,6 por ciento respecto del año anterior, y del 149,4 por ciento si se compara con 1991. En volumen, las ventas externas ascendieron a 671.700 toneladas en 1996, un 15,3 por ciento por encima del año anterior y un 144,8 por ciento respecto de 1991. Entre 1986 y 1996, las exportaciones pesqueras argentinas crecieron a mayor ritmo que el nivel de actividad económica interna. El mayor nivel de crecimiento de las exportaciones de productos pesqueros para 1996 correspondió al calamar, registrando un incremento del 46 por ciento respecto del año anterior. Se constituye así en el principal producto de exportación, con ventas por un valor de 364,6 millones de dólares. En 1991 las mismas eran de 24 millones de dólares, por lo que en los últimos 6 años el crecimiento fue exponencial. La merluza, con 265,1 millones de dólares, se ubicó en segundo lugar dentro de las exportaciones de 1996, con una performance un 5 por ciento menor a los valores alcanzados durante el año previo. A pesar de ello, al tomar un período de referencia más extenso, la merluza constituye la especie de mayor trascendencia histórica en las exportaciones, y el crecimiento promedio de ventas externas del total de subproductos asociados respecto de 1991 fue superior al 43 por ciento, lo que puede observarse en el siguiente gráfico.
Gráfico 1.- Crecimiento de las exportaciones de productos derivados de merluza. Años 1991 y 1996. Sin embargo, la contrapartida de este aumento ha sido la sobreexplotación del recurso. Entre 1991 y 1996, el valor de las exportaciones de pescados congelados, enteros y H&G creció un 117 por ciento. Dentro de los productos con mayor valor agregado, las exportaciones de filetes de merluza se incrementaron en valor el 46,4 por ciento, mientras que las correspondientes a otros filetes crecieron aproximadamente el 95 por ciento.
TABLA 1. CAPTURAS Y EXPORTACIONES PESQUERAS ARGENTINAS ENTRE 1991 Y 1996.
En cambio, las ventas externas de productos salados, secos y conservas de pescados registraron una tendencia negativa, resultando además en valores absolutos muy poco significativos respecto del resto de la canasta de exportaciones del sector. La participación de productos con mayor valor incorporado sobre el total exportado todavía es discreta, ya que las exportaciones de filetes y surimi representaron en valor el 27,8 por ciento y el 5,3 por ciento, respectivamente, sobre el total de 1996.
TABLA 2. COMPOSICIÓN DE LAS EXPORTACIONES ARGENTINAS EN 1996.
En cuanto a los destinos, están relativamente diversificados, predominando los mercados asiáticos para el calamar, España y Brasil para la merluza, y Estados Unidos para el langostino. TABLA 3. DESTINOS DE LAS EXPORTACIONES PESQUERAS ARGENTINAS EN 1996.
La administración y las estadísticas pesqueras La estructura de administración y control de los recursos pesqueros es altamente deficiente en la República Argentina. En un trabajo de relevamiento institucional realizado por encargo de la propia Subsecretaría de Pesca de la Nación en 1997, se describía el funcionamiento del área estadística de ese organismo de la siguiente manera: "A partir de fuentes diversas se ingresan datos por caminos independientes, sin someterlos a un análisis de consistencia previo. Luego se conducen las tareas de procesamiento que terminan o no con la información dentro del "sistema". [...] En relación a los partes de pesca, de los 6.347 datos grabados en 1992, en 1996 se llegó a 27.259 registros, cifra ésta que equivale aproximadamente al 90 % de los partes de pesca de la flota nacional". En el sistema se detectan "deficiencias crónicas", como "el hecho de que no se trata de información homogénea, ya que mientras algunos corresponden efectivamente a partes de pesca conformados por los capitanes", otros son datos provenientes de empresas "que se envían en soportes electrónicos sin documentación de respaldo". "Los usuarios calificados de esta información, como es el caso de los investigadores del INIDEP, suelen detectar anomalías en los datos contenidos en la base. [...] Una situación paradigmática de las dudas que deja el funcionamiento del sistema puede constatarse a través de los cambios inconsultos que se verifican en los datos de captura. A veces, mes a mes, los datos sufren modificaciones que no son anunciadas a los usuarios [investigadores]. Otro tanto ocurre con la información de la flota, la cual suele ser reemplazada en forma integral sin tomar en cuenta las tareas técnicas [de investigación] que están en curso de realización". "Los distintos subsistemas de información (exportaciones, buques, armadores, permisos [licencias], infracciones, sumarios, expedientes, etc.) trabajan casi sin conexión entre sí, lo que según distintos actores se debe a "razones históricas" que han llevado a la aparición de bases paralelas y parcialmente superpuestas y que han dificultado el acceso." Es decir, estamos frente a un sistema estadístico que, según el estudio oficial citado, presenta graves déficits e irregularidades. Dado que en el presente trabajo se involucran estadísticas de captura y esfuerzo, es importante dejar sentado cuál es la eficiencia del sistema estadístico pesquero argentino y el grado de validez de sus productos. Esta caracterización, al mismo tiempo, da una idea de las dificultades de reconstrucción y reelaboración de la información que deben sortearse para elaborar un trabajo como el presente. Por ejemplo la cantidad total de buques cambia según el registro que se analice. Lo mismo sucede con el tipo de licencia o de especie objetivo de cada buque. Muchos buques que ya no operan siguen figurando en algunos registros. La fecha de inicio de operaciones puede simplemente registrar una renovación de la licencia. Las capturas por tipo de flota recién pueden discriminarse con certeza a partir de 1991. Por otro lado, las propias estadísticas de captura se basan en las declaraciones juradas presentadas por los capitanes, las cuales muchas veces no reflejan las capturas reales, siendo subdeclarados los montos y cambiadas las ubicaciones de los lances. Además, la mayor parte de las estadísticas no son hasta ahora de acceso público. Todo ello obliga a una fatigosa tarea de búsqueda, comparación y de utilización del criterio personal para poder extraer conclusiones válidas, para lo cual en el presente trabajo siempre se ha adoptado un criterio conservativo. El sistema administrativo y de fiscalización pesquera argentino es muy débil. En la planta permanente de la Subsecretaría de Pesca de la Nación trabajan apenas 55 funcionarios en la planta permanente. A ello se agregan 20 agentes contratados gracias a fondos provenientes del IICA. Durante la vigencia del Acuerdo de Pesca con la UE, pudo abonarse el salario de 82 funcionarios más, la mayoría de los cuales ya no desempeñan funciones. No existe un sistema permanente de inspecciones en buques, y las inspecciones de desembarques no son sistemáticas ni demasiado confiable. No se cruza información con la oficina recaudadora de impuestos ni con la aduana. Debido a ello se han denunciado casos en los que los volúmenes exportados de alguna especie superan los volúmenes declarados de captura. La institución científica responsable de evaluar el estado de los recursos, el INIDEP, se ve obligado a someter los datos provenientes de este deficitario sistema a un proceso de validación en base a las campañas de investigación de sus tres buques y a los datos de un cuerpo de Observadores Científicos de a Bordo, que acompañan los viajes de pesca tomando muestras y anotando los datos de capturas, descartes y procesamiento a bordo. De todos modos, se adopta el criterio básico de prestarle atención preferencial a la evolución de las series históricas de datos, más que a los datos mismos en forma absoluta, para poder observar los cambios en la abundancia y en la composición de la biomasa. Según expertos extranjeros que han venido a la Argentina a efectuar una revisión por pares del trabajo científico realizado en el INIDEP, el nivel del mismo es de excelencia internacional.
Evolución reciente de la pesquería de merluza argentina Dado que, como veremos, las actividades de la flota comunitaria ingresada en virtud del Acuerdo de Pesca se centraron en la merluza argentina, conviene focalizar la historia reciente de esta pesquería. Tradicionalmente, desde 1960 aproximadamente, la pesquería de merluza argentina se desarrolló sobre la base de buques de altura (fresqueros) que conservaban el pescado en cajones con hielo y lo desembarcaban en puerto para ser procesado (eviscerado, descabezado, y principalmente fileteado) y vendido en el mercado interno y externo. Hacia mediados de los ’80, esta flota predominaba claramente en los desembarques, mientras que los buques procesadores efectuaban apenas un 15 por ciento de las capturas. En los Gráficos 2 y 3 se pone de manifiesto la evolución de la flota fresquera desde 1986 en adelante. Se ve allí que en la década 1986-1996 se incorporan 65 buques, muchos de los cuales sustituyen a otros más antiguos, lo que no está reflejado en el gráfico por cuanto carecemos de las fechas precisas de cese de operaciones. La tendencia de crecimiento (6 buques por año) sigue la tendencia histórica.
Gráfico 2.- Evolución de la flota fresquera en número de buques. 1986-1996.
Gráfico 3.- Evolución de la flota fresquera en potencia (HP) de los buques incorporados. 1986-1996. El crecimiento en HP de esta flota, que da un índice de la capacidad de captura, crece o se renueva en unos 40.000 HP, es decir, a una tasa de 3.664 HP por año. A partir de ese momento, junto a esta baja tasa de crecimiento de la flota fresquera, comienza un despegue de la flota procesadora (congeladores y factorías) que presenta dos picos bien acusados: uno en 1991, y otro en 1995, como se muestra en los Gráficos 4 y 5. La tasa de crecimiento en número es en este caso de 12 por año, pero si tomamos la tendencia a partir de 1991, la tasa de crecimiento es de 16 buques por año.
Gráfico 4.- Evolución de la flota congeladora en número de buques. 1986-1996.
Gráfico 5.- Evolución de la flota congeladora en potencia (HP) de los buques incorporados. 1986-1996. Si consideramos la tasa de crecimiento de la potencia en HP, es mayor a los 18.000 por año, pero en el período 1991-1996, la tasa de crecimiento es de casi 28.000 HP por año. Una tasa nueve veces mayor que la de la flota fresquera para el mismo período (3.100 HP por año). Estos datos de la evolución de las flotas están relacionados con la evolución de las capturas por cada una de ellas. En el Gráfico 6, puede observarse este hecho
Gráfico 6.- Evolución de capturas de merluza argentina en el período 1991-1997 por tipo de flota. Comparación con una CMP fija de 390.000 toneladas. Se ve en el gráfico que, mientras las capturas de la flota fresquera permanecen casi constantes, oscilando alrededor de las 212.000 toneladas, y de igual manera la flota costera, la flota congeladora cuadruplica sus capturas, a una tasa de crecimiento de 35.700 toneladas por año, superando a partir de 1996 a la flota fresquera. El paralelismo entre las líneas de tendencia de la flota congeladora y de las capturas totales demuestra que prácticamente todo el crecimiento de las capturas se debe a la expansión de dicha flota. Como consecuencia de este crecimiento de las capturas declaradas, a partir de 1993 estas sobrepasaron sistemáticamente las capturas máximas permisibles (CMP o TAC), como se observa en el Gráfico 6. Es por ello que los índices de abundancia de la biomasa han disminuido significativamente en ese período. En el Gráfico 7 se observa la evolución del esfuerzo y de las Capturas por Unidad de Esfuerzo (CPUE) de la flota fresquera.
Gráfico 7.- Evolución del esfuerzo y de la CPUE de la flota fresquera. 1991-1997 Vemos aquí que a pesar de un incremento en el esfuerzo (medido en horas de arrastre) de alrededor del 70 por ciento, dado por un incremento de los días de operación, el aumento de las horas de arrastre por lance y al propio crecimiento de la flota, las capturas han permanecido constantes (Ver Gráfico 7) y por lo tanto las Capturas por Unidad de Esfuerzo (CPUE) se han ido reduciendo linealmente hasta casi la mitad, lo cual es un claro índice de sobrepesca y de reducción de los stocks. Siguiendo esta tendencia, la biomasa de merluza argentina también muestra una evolución declinante, como lo muestran los Gráficos 8 y 9.
Gráfico 8. Biomasa total y biomasa reproductiva. Período 1986-1998. Stock al Norte del Paralelo 41ºS. En los informes técnicos del INIDEP de los cuales se obtuvieron estos gráficos se afirmaba que "el nivel actual de biomasa reproductiva muestra el valor histórico más bajo y no permite asegurar que la misma mantenga los niveles de reclutamiento necesarios para una explotación óptima del recurso".
Gráfico 9. Biomasa total y biomasa reproductiva. Período 1986-1998. Stock al Sur del Paralelo 41ºS. Es de destacar que ya en 1986, un informe del INIDEP que estudiaba el período 1966-1983, concluía que "la explotación del recurso merluza común se encuentra a niveles próximos al rendimiento máximo sostenible", y que "existe un sobredimensionamiento de la flota pesquera habilitada para operar sobre la especie". Es por ello que la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca, con fecha 28 de octubre de 1988, sancionó la Resolución Nº 946 por la cual a todo buque pesquero que se incorporara a partir de ese momento se le extendería una licencia con exclusión de merluza. Mediante argucias administrativas y legales que merecen un estudio más profundo, esta Resolución y las sucesivas que la modificaron y ampliaron fueron sorteadas y, como se vio, la cantidad de buques merluceros (y sus licencias) creció en forma notoria. Ya en 1994 el INIDEP publicó la evaluación del impacto del crecimiento de la flota desde 1983 hasta 1991, llegando a la conclusión de que "las mortalidades por pesca aumentaron el período analizado, llegando a ser en 1991 25 % superior al promedio", y que "las biomasas total y de la población reproductiva han disminuido, encontrándose en 1991 al nivel más bajo del período analizado". En ese mismo trabajo, en vísperas del Acuerdo de Pesca con la UE, se afirmaba que "los valores estimados para 1992 y 1993 [de las mortalidades por pesca] han alcanzado niveles tan altos que se considera improbable que la pesquería pueda mantenerse durante un tiempo prolongado". No obstante, posteriormente (y fundamentalmente en virtud del Acuerdo de Pesca) todavía se siguieron incorporando buques.
Las conductas de pesca. Los descartes. Una de las fuentes principales de subestimación de las capturas, que sesga la información primaria para la evaluación de los stocks, es el descarte de una parte del pescado capturado. Históricamente, en la flota fresquera, la pesquería de merluza registra un descarte por menor valor comercial. El nivel de descarte en esta flota era estacional, dependiendo de la mayor o menor abundancia, pero nunca superaba el 15 por ciento de las capturas en número. Ese descarte estaba concentrado en los ejemplares juveniles, que eran rechazados por las plantas de tierra firme cuando eran menores a los 35 cm de longitud. Las cifras más altas se alcanzaban en primavera-verano, pero en otoño-invierno el descarte era casi nulo. Si bien no hay estudios más recientes publicados, si es observable que el descarte de ejemplares inmaduros (edad 1) ha crecido, dada su mayor proporción en las capturas al disminuir la abundancia del recurso. Estas prácticas de descarte son comunes tanto a los buques fresqueros como a los buques congeladores. Sin embargo, según diversas fuentes, el desarrollo de la flota congeladora sumó a aquellas nuevas prácticas de descarte. Un Informe del Proyecto Observadores a Bordo del INIDEP, revela que, en esa flota
En un trabajo independiente, también se han recalculado las capturas de la flota congeladora para evaluar el descarte. La metodología de este cálculo parte de considerar que dos flotas operando en una misma zona (como ocurrió en ese período) y siendo la abundancia para ambas flotas igual, deberían tener, por lo menos, la misma CPUE. Como, en contra de la lógica, en las estadísticas la CPUE de la flota congeladora es mucho menor que la de la flota fresquera, puede presuponerse con suficiente certeza que este hecho se debe a subdeclaración de capturas, lo que puede corregirse mediante la multiplicación de las horas de arrastre declaradas por esta flota por la CPUE calculada para la flota fresquera operando en la misma zona. Este es un cálculo conservador, por cuanto
Se obtuvo así la siguiente tabla, que nos permite determinar el descarte de merluza de la flota congeladora en el período 1991-1997. Es interesante destacar la aproximación del resultado de la tabla para 1995 (55 % de descarte) con el del informe del INIDEP (62 %).
TABLA 4. RECÁLCULO DE CAPTURAS Y DESCARTES DE LA FLOTA CONGELADORA. 1991-1997
Subrayando que estas son cifras conservadoras, es destacable la gran significación del crecimiento de las capturas de la flota congeladora en este período, ya que, en términos reales (ajustados), por si sola, a partir de 1994 esta flota igualó y superó las capturas máximas permisibles (TAC) históricas de la pesquería (390.000 toneladas).
Incentivos y facilidades previos al Acuerdo de Pesca Como se ha comentado más arriba, previamente al Acuerdo de Pesca ya se había producido el ingreso de numerosos buques congeladores a los caladeros argentinos. Un instrumento muy importante de este movimiento fue el Reglamento Nº 3944/90 de la Comunidad Económica Europea que impulsaba la constitución de Sociedades Mixtas entre armadores pesqueros comunitarios y socios de terceros países para transferir capacidad pesquera dentro de la denominada política estructural, cuyo objeto declarado sería "tender a una explotación equilibrada de los recursos internos en las aguas comunitarias" y "ampliar sus fuentes de abastecimiento" de productos pesqueros. En particular, el Título VI bis de este Reglamento, titulado "Sociedades Mixtas", en su artículo 21 ter establece la asignación de ayudas financieras a los proyectos de sociedades mixtas, y determina los requisitos para acceder a esas ayudas. Los montos máximos por proyecto se calculan según la tabla del Anexo VII del Reglamento, que reproducimos a continuación.
TABLA 5. IMPORTE MAXIMO DE LA AYUDA FINANCIERA PARA SOCIEDADES MIXTAS ESTABLECIDO EN EL ARTICULO 21 ter DEL REGLAMENTO 3944/90
Con las limitaciones de acceso a la información ya detalladas, hemos elaborado una lista tentativa de los buques que habrían ingresado al caladero argentino bajo este régimen con posterioridad a 1991. Para poder confeccionarla, debimos comparar listados de buques de la SAGPyA, acotar sus fechas de ingreso, descartar los buques ingresados bajo el régimen del Acuerdo de Pesca, y rastrear su procedencia, principalmente a través de la Sección Barcos de la Revista Redes y de la base de datos del Lloyd’s Register Ship. Los errores que pudiera tener este listado (es decir, la posible inclusión errónea de ciertos buques que, en verdad, no hayan sido subsidiados) se justifican por la necesidad de asignar un valor a los subsidios invertidos por la CEE en el período bajo estudio. Pese a esos posibles errores, este valor estimado sin duda estará dentro del mismo orden de magnitud que el valor real erogado. TABLA 6. MONTOS MÁXIMOS DE SUBSIDIOS ADJUDICABLES A BUQUES EUROPEOS QUE HABRÍAN INGRESADO A TRAVÉS DEL REGIMEN DE SOCIEDADES MIXTAS (REGLAMENTO 3944/90).
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